La Alhambra

es el exponente máximo de la capacidad humana para la creación de belleza y equilibrio, para la sublimación de lo necesario y de lo habitual para convertirlo en divino y eterno.

 
Más que un palacio, que una fortaleza y una ciudad.
Todo queda superado, traspasa la frontera de lo físico, para ser un viaje a la sensibilidad de aquellos que quisieron hacer lo mejor en el mejor de los sitios.
Es un lugar que nos invita a sentir. Un espacio dinámico en el que el tiempo transcurre con gran sutileza.
La percepción de nuestros sentidos se agudiza. Y nos dejamos ganar por el silencio que nos permite percibir cada rumor, cada paso.
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