Una delicada fragancia en la que se funden las esencias más preciadas que se reúnen en este perfume

que evoca el pasado y provoca la memoria pero que también mira al futuro. Los ingredientes se combinan de forma original, actual, para aligerar el fuerte carácter de cada una de las materias primas y dar a la fragancia final, una gran persistencia y personalidad, pero un peso dulce y moderno.

 
Recuperado del mítico proceder de la cultura árabe en perfumería. El Attar, es el perfume en su forma más pura, la destilación más exquisita y sensual.
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Desarrollada por la perfumista Sonia Espelta de Carbonnel y bajo dirección olfativa de Oliver Valverde es una innovadora combinación de flores, especias y maderas con toques de fruta.
En su inicio el perfume es una explosión potente en la que se combinan elementos un tanto salvajes, de gran personalidad.
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Una combinación de elementos que culminan en un perfume radiante, solar y exuberante.
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De la cultura del perfume.
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El perfume en sus ancestrales orígenes fue oleoso y de este producto milenario procede el Attar actual, que es un aceite natural, un líquido dorado precioso, que se funde, dejando una estela transparente e irisada cargada con la riqueza extrema de la fragancia que palpita desde la piel al aire perfumando de una forma cálida, casi erótica.

El Attar tiene una persistencia liviana y se funde de tal forma con la piel que reacciona con sutil diferencia con cada tipo de epidermis, con cada individuo, cosa que hace que cada uno viva la experiencia de la fragancia de forma íntima y única.

Se aplica de forma suave con la varilla de cerámica consiguiendo una total armonía y fusión entre frasco, fragancia y piel.

En su inicio el perfume es una explosión potente en la que se combinan elementos un tanto salvajes, de gran personalidad: naranja amarga, pino, pimienta negra y azafrán. Le sigue un cuerpo sensual, un corazón cálido formado por nerolí, jazmín, rosa de Turquía, mirto, canela y cardamomo. La composición finaliza con una estela amaderada y profunda, casi sexual, con cedro, sándalo, vetiver, mirra, incienso, ámbar y almizcle.

En definitiva una combinación de elementos que culminan en un perfume radiante, solar y exuberante pero a la vez, con el transcurso de las horas, sereno, hipnótico y envolvente que deja una estela de una modernidad atemporal, actual pero con plena consciencia de un pasado esplendoroso.

Lágrimas de la Alhambra concentra y exhala la esencia de aquellos granadinos, gentes de poemas, de arte y de jardines, que convirtieron su tierra en paradigma de belleza universal. Entrar en su paraíso, cerrado para muchos, oculto tras verticales y cúbicas torres, es penetrar en un poliédrico espacio de geometrías, luces, reflejos, palabras y aromas, sensorial a la vez que espiritual, tan terrenal como celeste. “Yo soy el jardín que con la belleza ha sido adornado”, exclama la Sala de Dos Hermanas al recibirnos, para añadir después:

“Nunca vimos jardín de más agradable verdor, de más aromáticos espacios, ni de más dulces frutos”, dibujando en sus paredes estos efluvios del buen lugar, del tiempo pleno y disfrutado, convertidos en rítmicos versos, en sinuosas líneas, en frondosos vergeles de lapislázulis y dorados trazados, que reproducen la suave fragancia atesorada en este delicado frasco de loza dorada, cima de la cerámica árabe y andalusí que llenó de vida y amenidad a las estancias nazaríes. Un bello e indeleble estímulo para el gusto visual, tactil, olfativo y poético, emanado de la más honda y fértil memoria de Granada.

José Miguel Puerta Vílchez.

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